Una de las razones que pueden llevar a un hombre a jugar es el deseo de demostrar su propia superioridad ante las fuerzas inconmensurables del azar que él juzga injustas normalmente. Es la proyección de su propia realidad corporal ante un universo que, en el fondo, desconoce. Rigurosamente tratado el tema, tal superioridad ante el destino sólo puede conseguirse de tres maneras: por intuición, mediante un sistema científico y ayudándose de las argumentaciones mágicas o sobrenaturales que comúnmente llamamos supersticiones. Toda superstición nace como un intento de controlar las fuerzas sobrenaturales que, a priori, juzgamos favorables o contrarias a nuestros deseos. La mayor parte de las supersticiones que todavía subsisten aparecieron en épocas de De igual manera, algunas civilizaciones consideraron las escaleras como una forma de que las almas de los muertos alcanzaran el cielo. De forma que pasar por debajo de una escalera es una clara provocación a un espíritu que no desea ser entorpecido en su ascensión… Así, los espejos no eran otra cosa que verdaderos “almarios” de la persona que se reflejaba en ellos. Romperlos era también romper el alma de cuantos se hubieran mirado en ellos alguna vez. Los poderes positivos o negativos de números como el 3, 7, 13 y 70 vienen derivados de ritos relacionados con la fertilidad y los cambios de estación, fases de la luna y otros tantos fenómenos naturales… ¿Pero cuál es el lazo de unión entre estas y otras supersticiones y las diferentes actitudes del jugador? La respuesta es clara y sencilla: los jugadores suelen encontrarse frecuentemente en manos de la fortuna (a la que mucha gente no puede evitar confundir con determinadas fuerzas sobrenaturales) e inevitablemente no racionalizan algunos de estos ritos, algunos de estos mecanismos de defensa que tienden a un amortiguamiento efectivo de la tensión acumulada durante el juego, o la propia personalidad fatalista del jugador… Sin embargo, lo más curioso de casi todos los comportamientos supersticiosos de los jugadores es que normalmente se tienes sin saber exactamente por qué, ni para qué sirven. De esta manera, es frecuente ver cómo en una partida de cartas de repente alguien se levanta y da la vuelta a su silla. ¿Sabe que está realizando un círculo mágico para dejar fuera a los espíritus malignos? Algo similar sucede cuando el jugador sopla o chas su aliento sobre los dados, sin saber que realmente está intentando introducir un hálito vital en una realidad de marfil que está fallando. Los amuletos o vestidos especiales que algunos jugadores utilizan tienen, igualmente, el mismo significado que los amuletos tenían para los egipcios. Sin embargo, una extrapolación de las supersticiones generales para encuadrarlas específicamente en el tema juego nos daría un curioso resultado: todos y cada uno de los millones de jugadores que hay en el mundo tienen su propia superstición. Una o varias manías nacidas accidentalmente un buen día cualquiera en el que tuvo buena o mala fortuna. De todas estas supersticiones existe una variada gama de sucesos estrafalarios; pero quizá una de las anécdotas más famosas fue la protagonizada por un tal señor Blanchard que ganó una gran cantidad de dinero en Montecarlo después de que una paloma le ensuciara el sombrero. Tras aquel hecho, el señor Blanchard no volvió a jugar hasta que otra paloma repitió la historia… y la suerte, pues también ganó. Nunca volvió a suceder tal cosa, pero la tradición ha quedado viva en Montecarlo: siempre que una paloma te ensucie el sombrero, marchas rápidamente a la ruleta, pues la suerte te es favorable, aunque evidentemente, esta superstición, como las otras, no pasa de ser simplemente eso y no una fórmula segura para ganar en ningún juego de azar.
EL JUEGO: ENTRE
Enrique López Oneto y Juan Manuel Ortega
Editorial AULA ABIERTA SALVAT (1982)
Este certamen es el primer paso para el campeonato mundial de la especialidad, que está previsto que se dispute en mayo de 2009.