22 Agosto 2008
Ayer al mediodía, cuando en buena parte del mundo no se hablaba de otra cosa que no fuese el terrible accidente aéreo de Barajas, en Chile saltó la alarma. Corría el rumor de que entre los pasajeros del avión siniestrado había un ciudadano chileno. En unos minutos, TVN, el canal público de televisión en Chile, entrevistaba telefónicamente a un tal Carlos Montenegro, identificado como el cónsul chileno en Madrid. Montenegro aseguró sin ningún tipo de duda que entre los muertos en la catástrofe se encontraba Juan José Soto Vargas, un ciudadano chileno que estuvo exiliado en Alemania.
Todos los medios chilenos, EFE también, se hicieron eco de las palabras del cónsul, y se dio por hecho que un compatriota estaba entre los 153 muertos. Pero el Ministerio de Asuntos Exteriores chileno reaccionó rápido y hoy se ha conocido una historia curiosísima, que tendría mucha gracias si no fuera porque estamos hablando del peor accidente aéreo en España en los últimos 25 años.
Resulta que no hay ningún fallecido chileno. Y que el cónsul de Chile en Madrid no es el tal Carlos Montenegro. Un mitómano se hizo pasar por cónsul y dio el palo a todos los medios chilenos, empezando por el canal de televisión nacional, que se tragaron la historia y la identidad del tipo.
Sin embargo, no todo es falso. Juan José Soto Vargas, el hombre que el falso cónsul dijo que murió en el accidente, existe... y es el mismo mitómano. Es decir, Juan José Soto se hizo pasar por el cónsul chileno en Madrid y anunció que él mismo había muerto en el siniestro. Surrealista, pero cierto.
Y aquí no acaba la cosa. El historial de Soto es de campeonato. Ex agente de la policía secreta de Augusto Pinochet, la temida DINA, pasó varios años escondido en Alemania, y pidió asilo en Suecia. Después se ha dedicado a pasearse por Latinoamérica suplantando la identidad de otras personas y haciendo cosas dignas de un auténtico tarado.
Como dije antes, sería una historia curiosa e incluso divertida si no hubiese elegido un escenario tan macabro como el accidente en Madrid para elaborar la última de sus paranoias. El enlace de la noticia, que no tiene desperdicio.
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12 Agosto 2008
Dicen las malas lenguas en Chile que los de EFE somos gafes. Quizás tengan razón. Hace unos pocos meses un carabinero descerebrado casi deja sin ojo a uno de nuestros fotógrafos. Otro compañero tuvo que ser operado de urgencia y estuvo casi tres semanas fuera de combate. Unas semanas atrás a otro periodista le mangaron un ordenador portátil de la agencia. Eso sí, era un Toshiba de esos del año de la Quica, de cinco kilos de peso y unas dimensiones estratosféricas.
Y ayer por la noche, la palma. Unos ladronzuelos nos desvalijaron la oficina. Tal y como lo digo. Aprovecharon la poca resistencia que opuso la vieja y maltrecha puerta de entrada, situaron una camioneta dentro del aparcamiento y se dedicaron a llenarla con nuestro material de oficina. Resultado: doce ordenadores mangados, dos cámaras de vídeo y una de fotos. En cifras, unos 15 millones de pesos, casi 20.000 euros en material informático. Y eso es el daño que se puede calcular, porque hay que sumarle fotos, documentos e información de todo tipo que había en los ordenadores y cuyo valor es difícil de determinar. Total, que hoy ya me avisaron del percal y cuando llegué a la oficina me encontré con mis compañeros sentados alrededor de la mesa de la cocina, con cara de tontos, y con la policía científica, al más puro estilo CSI, buscando pruebas que delataran a los culpables. Pero, a diferencia de la serie, no han encontrado un pelo que los haya llevado a los ladrones.
Afortunadamente, parece que el seguro pagará los nuevos equipos y todo lo que nos han robado. Y, como suele decirse, al mal tiempo buena cara: estamos todos bien y llegarán ordenadores nuevos.
La noticia, en los medios.
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4 Agosto 2008
Días movidos. Al final de la tan agradable y necesaria visita de Jordi y Montse se unió una engorrosa mudanza forzada de piso. Tuve que dejar mi pequeño pero acogedor piso en Bellavista a causa de la marcha a Europa de mi compañera -y administradora- del citado piso. Tras unos días de búsqueda decidí moverme de barrio: cambiar la bohemia y la tranquilidad de mi anterior zona por el ajetreo y los grandes edificios del barrio de Providencia, una zona más acomodada. Lo cierto es que he encontrado un buen sitio, bien comunicado, con bares y restaurantes alrededor. El piso es cómodo, y mi habitación muy acogedora, con una enorme cama y vistas a la cordillera.
Lo incómodo del asunto ha sido la mudanza. Tras siete meses en un sitio, todo estaba en su lugar. La ropa, debidamente ordenada en el armario, las camisetas en un cajón, la ropa de deporte en otro... todo correcto. Y el escritorio, mi centro de operaciones, con bolígrafos, papeles y varios utensilios que con el tiempo se van acumulando en una mesa pero que, dentro del desorden, siguen un orden predeterminado. Pues creedme que se me ha hecho jodido recogerlo todo y, en dos viajes y cargado de bolsas, mudarme a mi nuevo hogar. Parece mentira la de clips, papelitos y todo tipo de pequeños artilugios que se acumulan en los cajones de un escritorio en tan poco tiempo.
En fin, que ahora mismo ya estoy semi instalado. Y esto porque no puedo instalarme en la que será mi nueva habitación hasta el día 7, cuando la actual moradora -que por cierto no está en Santiago, sino viajando por el norte- vuelve para Francia, su país de origen. Hasta entonces, estoy en la habitación de uno de mis dos compañeros de piso, que salió unos días y, muy amablemente, me cedió su espacio para tener una cama donde tumbarme. Para alguien ordenado y meticuloso como yo la imagen actual es terrible: todas mis cosas esparcidas por la habitación, a la espera de llegar a su destino definitivo. Ah, y entre todo esto, momentos agradables: una cena con un grupo de 25 turistas catalanes gracias a Miguel y Fina, los padres de mi colega Ferran. Como en casa.
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31 Julio 2008
Había escuchado grandes críticas, mi profesor de periodismo deportivo en la universidad me lo recomendó y el título había sonado en varias tertulias y programas deportivos en la radio. Aproveché mi viaje a Buenos Aires en mayo pasado para visitar la Feria Internacional del Libro y allí estaba. Sin dudar ni un segundo, lo compré, y encima tirado de precio, que es como tienen los libros en Argentina. Finalmente, 'El fútbol a sol y sombra', del escritor uruguayo Eduardo Galeano, estaba en mis manos.
Empecé a leerlo. Poco a poco, deleitándome palabra a palabra con las historias, anécdotas y goles que Galeano narra en esa auténtica joya de la literatura. Cuando veía que un día había avanzado demasiado, me obligaba a dejarlo reposar, miedoso de terminarlo, de devorarlo, sin darme cuenta. Fue una batalla inútil: sabía que. tarde o temprano, pasaría lo inevitable, que ya no quedarían más páginas por pasar. Y sucedió ayer. Fue un golpe duro. Es uno de esos pocos libros que a uno no le importaría que fueran eternos, para poder leer una historieta de vez en cuando, y empaparse de la sabiduría futbolística, literaria y humana de Eduardo Galeano.
El libro tiene de todo. En él, su autor reflexiona sobre todos los aspectos del deporte rey. La figura del arquero, el hincha, el gol, el árbitro. Nada escapa a su verbo ágil y sus precisas palabras. Todos y cada uno de los Mundiales, y breves narraciones de goles, algunos históricos y otros no tanto, que se han celebrado en los estadios de todo el globo. Goles de Pelé, Di Stéfano, Maradona, Garrincha, Beckenbauer. Y una crítica despiadada de la industria futbolera y de los organismo burocráticos -léase FIFA, UEFA y similares- que han convertido el fútbol en un negocio, principalmente para los burócratas que los integran.
Nada más, solamente recomendar el libro a aquellos a los que les guste el fútbol y a los que no. En este caso, el fútbol es lo de menos. Dejo un breve capítulo del libro.
La guerra danzada
En el fútbol, ritual sublimación de la guerra, once hombres de pantalón corto son la espada del barrio, la ciudad o la nación. Estos guerreros sin armas ni corazas exorcizan los demonios de la multitud, y le confirman la fe: en cada enfrentamiento entre dos equipos, entran en combate viejos odios y amores heredados de padres a hijos.
El estadio tiene torres y estandartes, como un castillo, y un foso hondo y ancho alrededor del campo. Al medio, una raya blanca señala los territorios en disputa. En cada extremo, aguardan los arcos, que serán bombardeados a pelotazos. Ante los arcos, el área se llama zona de peligro.
En el círculo central, los capitanes intercambian banderines y se saludan como el rito manda. Suena el silbato del árbitro y la pelota, otro viento silbador, se pone en movimiento. La pelota va y viene y un jugador se la lleva y la pasea, hasta que le meten un trancazo y cae despatarrado. La víctima no se levanta. En la inmensidad de la hierba verde, el jugador yace. En la inmensidad de las tribunas, las voces truenan. La hinchada enemiga ruge amablemente:
- ¡Que se muera!
- Devi morire!
- Tuez-le!
- Mach ihn nieder!
- Let him die!
- Kill kill kill!
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27 Julio 2008

¿Existe algún momento más oportuno que la visita de Jordi y Montse para poner en práctica los conocimientos adquiridos en Río de Janeiro?
Con la cachaça que me llevé de la 'cidade maravilhosa' organizé en mi piso una Caipirinha's Party que no estuvo nada mal. Sólo faltó un poco de calor y la playa para ambientarlo totalmente... pero no se puede tener todo!
Por cierto, el jurado formado por las cuatro personas que degustaron mis caipirinhas emitió un veredicto unánime: espectaulares. Quizás no son el jurado más objetivo... pero yo los creo.
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18 Julio 2008
A menudo suceden cosas en Chile que ponen en evidencia el poco tiempo que ha transcurrido desde que una feroz dictadura militar gobernaba el país. A las constantes condenas de mandos militares, retirados y en servicio, cabe sumar situaciones como las acaecidas los últimos días. Sucede que, cuando un régimen militar se dedica a asesinar opositores políticos con toda la libertad del mundo y con toda impunidad, las cosas no siempre salen bien. Y, aunque sea tarde, actos cobardes como esos salen a la luz. Hace unos días fueron descubiertos restos humanos una una localidad norteña, en el desierto de Atacama, que con toda probabilidad pertenecen a víctimas asesinadas durante la dictadura de Pinochet.
Tal y como dijo la president Bachelet, son momentos duros para las familias de los desaparecidos, en los que se confunden los sentimientos. Satisfacción, por un lado, por poder finalmente enterrar a un ser querido. Y dolor y rabia, por el otro, por revivir situaciones tan crudas como el vil asesinato de un familiar tan sólo por tener otro punto de vista político.
También estos últimos días ha sido detenido y procesado Santiago Sinclair, ex vicecomandante en jefe del Ejército y mano derecha de Augusto Pinochet. Este señor está acusado de ser, como se llama ahora, el 'autor intelectual' del asesinato de cinco opositores políticos durante la dictadura. Los pobres infelices fueron atados de pies y manos y lanzados en el océano Pacífico desde un helicóptero. Sorprende que Sinclair, una vez recuperada la democracia, fuera designado senador en representación del Ejército hasta 1997. Eso se llama transición, sí señor.
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14 Julio 2008
Si unos meses atrás me hubieran dicho que un 13 de julio estaría esquiando, habría pensado que me estaban tomando el pelo de mala manera. Primero, porque hace unos años que dejé, por varios motivos, el tema de deslizarme montaña abajo con dos tablas en los pies y dos bastones en las manos. Y segundo, porque julio no parece la época más propicia para esta actividad... siempre y cuando uno no se encuentre en el hemisferio sur. Hoy lo hize. Cinco años después de la última vez, volví a calzarme los esquís y vencí las dudas que me acosaron estos últimos días -"¿habré olvidado todo lo que sabía?", "¿tendré que quedarme en la pista de principiantes con los novatos y los inútiles?", "¿tendré que empezar por la clásica 'cuñita'?".
Unos días atrás, Manuel, mi jefe, me dijo que a ver si me animaba a ir a esquiar algún día con él. Yo le dije que vale, pero que hacía cinco años que me había olvidado del tema. Él me dijo que no pasaba nada, que la última vez que esquió fue en 2001. Bueno, estábamos en una situación similar. Además, el marco era demasiado tentador como para desecharlo: esquiar en los Andes en pleno julio, invierno austral, a tan sólo 40 kilómetros de Santiago y con más de un metro de nieve polvo.
Así que esta mañana, bien tempranito, el director y el becario se encaminaron hacia la estación de Valle Nevado. Tras alquilar el material necesario y comprar el forfait -más de 40 eurazos... lo sé, una barbaridad-, hemos realizado nuestro primer descenso, una pista verde para entrar en contacto y tantear el terreno. Y debo decir que me ha sorprendido gratamente descubrir que, tal y como alguien me había dicho, esto del esquí es como ir en bicicleta: una vez se aprende, no se olvida. Evidentemente, al principio me noté un tanto agarrotado, pero fui ganando confianza y por momentos el espíritu del gran Alberto Tomba se adueñó de mi -básicamente de mi mente, el cuerpo no tenía nada que ver con 'La Bomba'.
Disfruté como un enano. Nos paseamos por buena parte de las pistas de la estación y me sorprendió la poca cantidad de gente que había, teniendo en cuenta que era un domingo y que la gente en Chile está de vacaciones de invierno. Acostumbrado a las largas colas en los telesillas y los arrastres de las estaciones catalanas, lo de hoy fue un lujo. Hubo momentos incluso en que esquiábamos solos, como si se tratara de una pista privada. Fantástico. Otro dato: de entre la poca afluencia de gente que se acercó a la nieve, buena parte de ellos eran brasileños. No sabía que les gustara tanto el frío. Con lo bien que se está en la playa... realmente, es cierto eso que dicen de que nadie está contento con lo que tiene.
Unas horas más tarde y visiblemente más cansados, el director y el becario enfilaban el camino de vuelta a la gran ciudad. Agotados, pero más felices que unas pascuas.
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7 Julio 2008

Hace ya 47 días que mi compañero fotógrafo de EFE Víctor Salas fue brutalmente agredido por un miembro de la policía militarizada de Chile durante una protesta en Valparaíso, tal y como relaté en un post anterior. Durante estos 47 días Víctor fue intervenido quirúrgicamente y está a la espera de una segunda operación que revelará el estado en el que podría quedar su ojo dañado, que, por su profesión, es su mayor herramienta de trabajo. En estos 47 días no se ha sabido nada de la presunta investigación que abrió Carabineros para esclarecer los hechos. Silencio absoluto. Desde su punto de vista, es una actitud previsible: dejar que pasen los días y se enfríe la polémica y, como siempre, al final no pasará nada. Pues ayer pasó algo.
Congregados por la Unión de Reporteros Gráficos y Camarógrafos de Chile (URGC), unos 40 compañeros de Víctor nos concentramos en La Moneda para pedir al Gobierno que acelere la investigación. Como un sábado por la mañana no hay mucha gente en la sede del gobierno, decidimos andar un poco e ir hasta el Círculo Español, donde se celebraba la Junta Nacional de la Democracia Cristiana, uno de los partidos que integran la coalición gobernante. Esto significaba que habría cámaras de televisión y algún que otro ministro. Portando grandes fotos y pancartas de agresiones a fotógrafos en varias protestas, rápidamente vino a interceptarnos una brigada del GOPE, la policía militarizada de Carabineros, con su característica vestimenta que los asemeja más a Mazinger Z que a agentes del órden. Nos obligaron a colocarnos al otro lado de la calle donde se celebraba la junta, pero no teníamos prisa por irnos. Cantando y gritando consignas a favor de Víctor y de la libertad de información, esperamos pacientemente una hora y media. Algunos ministros salieron, nos vieron acorralados por los GOPE, leyeron nuestras pancartas y se fueron. Hasta que, de repente, los Carabineros que nos "vigilaban" recibieron la órden de retirarse y todos juntitos y al unísono se fueron corriendo hacia el furgón. Vía libre. Nos acercamos gritando y cantando hacia la entrada del edificio donde se organizaba todo el tinglado y ¡bingo!, apareció el ministro portavoz, Francisco Vidal. Rodeado de carteles y gente gritando, no le quedó otra opción que detenerse a conversar con nosotros. Pactó una reunión para mañana con representantes de la URGC y dijo lo que era previsible: que esto no puede volver a suceder, que la nuestra era una manifestación justificada, bla, bla, bla... en definitiva, palabras y más palabras. Acto seguido entramos dentro del edificio, donde los asistentes a la junta nos recibieron con una sonora ovación que, dicho sea de paso, fue realmente emocionante.
Tras la manifestación, contentos y satisfechos, tomamos unas merecidas cervecitas y brindamos por Víctor. Sabemos que será lento y difícil, pero la reunión con Vidal y la repercusión que tuvo el tema nos hace ser optimistas. Hay que seguir luchando e insistiendo. No se puede reprimir de esta forma a simples profesionales que hacen su trabajo. Nos puede caer una piedra, nos pueden mojar, son cosas que suceden en las protestas. Lo que no puede suceder es que un polícía agreda a alguien de forma premeditada y quede impune. Carabineros cometió el error de admitir que ya tenían localizado al agente agresor. ¿A qué están esperando para sancionarlo? Que pague. Nosotros, seguiremos insistiendo y protestando hasta que se haga justicia.
servido por Gerard
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